domingo, 5 de agosto de 2012

Crónica de una noche de polvos



A propósito de la entrada en vigencia del TLC, les dejo este cuento corto 



Mi gran amiga Estrellita, fundadora y propietaria de la reconocida cadena de burdeles “La Santísima Trinidad” fue quien que me aclaró el asunto y me contó todos los detalles de la noche en que los chicos de Obama llegaron a su negocio. En la sucursal de Cartagena, ubicada en la calle Primera de Badillo, fue donde ocurrieron los polvos que le han dado la vuelta al mundo, y que dejaron al descubierto la tacañería de los “Hombres de Negro”. Porque no hay nada de malo en ser ganoso, pero cicatero es otro cuento.

       Según me cuenta Estrellita, los gringos llegaron a su establecimiento el miércoles catorce a eso de las nueve de la noche, y pidieron doce de las mejores putas de la casa. Altos, rubios, musculosos, y por lo que se veía a vuelo de pájaro; dignos hijos de Príapo. Vestidos al mejor estilo tropical: guayabera, pantalón blanco apretado, mocasines beige sin medias y sombrero de paja. Borrachos y armando alboroto.

       Estrellita, de inmediato hizo bajar al primer piso de la casa a sus mejores chicas. Vieja mañosa en estas lides sabe que con los gringos lo importante es el servicio al cliente, y no es prudente hacerlos esperar, porque como bien dice ella “polvo que se va, no vuelve”.

       Dania, Rosalía y Yadira fueron las primeras en bajar, y al ver los guapos ejemplares masculinos comentaron: ¡No jodaaa, a éstos hasta gratis se lo damos! Pero los americanos no pidieron preferencias arancelarias ni Estrellita carta de crédito, porque la transacción se haría en efectivo. Y como los tratados son para cumplirlos, las mesalinas tropicales confiadas en la palabra de los americanos hicieron su trabajo entre rones, cigarrillos, vallenatos y condones.

       El  jueves a las seis de la mañana, Escapulario, el gerente financiero de “La Santísima Trinidad” pasó la factura.

       —Tres polvos por cabeza, eso nos da treinta y seis en total. Como ustedes saben hay unos servicios más costosos que otros, pero para que los místeres vuelvan, no les vamos a cobrar tarifa diferencial. A un precio de quinientos mil pesos polvo nos da un total de dieciocho millones de pesos, sin las bebidas, que son cortesía de doña Estrellita.  Con la revaluación del peso colombiano la tasa representativa está a 1.800, o sea que en moneda extrajera son 10.000 devaluados dólares americanos. —dijo Escapulario, calculadora en mano.

       —¡Shit! ¡Fuck you!—dijeron los gringos.

       —No baby no más fuckiu hasta que paguen lo que deben —dijo Estrellita.

       Después de esta nefasta experiencia, Estrellita colgó en la puerta del burdel un cartel que dice: No tenemos TLC con USA.


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lunes, 30 de julio de 2012

¿Por qué son infieles los hombres?

 Las razones por las cuales los hombres son infieles son tantas como hombres hay en el planeta, cada uno tiene su propia disculpa. En compinchería con estudios científicos, psicológicos, fisiológicos, antropológicos y hasta por dispensas celestiales de algunas religiones.

La pregunta que siempre me he hecho, y que me llevó a realizar esta investigación entre mis meros machos amigos, valga la aclaración, ninguno se negó a participar argumentando objeción de conciencia o no haber cometido infidelidad alguna, es ¿qué lleva a los hombres a cometer adulterio?

La primera conclusión es que existen dos tipos de infidelidad: la física y la emocional. Sólo voy a hablar de la infidelidad física, sexual, o “canitas al aire”. Suficiente es con tratar de entender y explicar la infidelidad que involucra al miembro viril, como para meterme en el rollo de ilustrar la del miembro emocional. Órganos que en los hombres, de acuerdo con mi investigación, funcionan sin ningún tipo de correlación. El corazón y el miembro fálico actúan como entes independientes e incomunicados. Esto lo sostengo basada en un dato asombroso que arrojó mi estudio: “la infidelidad no es por falta de amor. Se puede ser infiel independiente del mucho amor que se siente por la pareja”.

La infidelidad física puede ser esporádica o frecuente. La esporádica es cuando el hombre le es infiel a su pareja con mujeres que conoce fortuitamente, pero a quienes luego no vuelve a ver. Se puede decir también que es una infidelidad circunstancial. Muy frecuente en congresos, convenciones, viajes de negocios, ferias, etcétera.

La infidelidad frecuente es cuando las “canitas al aire” se vuelven una constante en la relación, ya sea con mujeres diferentes cada vez, con la misma durante un periodo de tiempo, o con esas  mujeres con las que se tiene una excelente afinidad sexual y que cada vez que la vida las pone en el camino hay que aprovechar, sería una verdadera estupidez dejarlas en el baúl de los recuerdos sólo porque se tiene pareja.

Ahora sí entremos en materia, y veamos las razones por las cuales los ejemplares masculinos argumentan la infidelidad.  La  típica: mi mujer no me comprende, no me tiene en cuenta, siempre está dándome cantaleta. Está pendiente de los hijos y de la casa, pero no de mí. Mi recomendación, damas, es que miren para adentro de su matrimonio a ver si alguna de las razones anteriores aplica en su relación, y un consejo, no pretendan disculpar su comportamiento, porque lo único que van a conseguir es que el marido busque en la calle una damisela más comprensiva.

Este esperpento lo engendró un amigo psicólogo “los científicos han demostrado que los seres humanos por naturaleza somos poli-eróticos, por lo que la fidelidad es anti-natural”. Yo la verdad no sé si los científicos dicen eso o no, pero si pilla a su marido en una infidelidad y le sale con el cuentico que es poli-erótico y que la fidelidad es anti-natural, lo mejor es que le siga la corriente, le de la razón, y le sugiera una poli-orgia, a ver hasta donde le llega lo polifacético.


El grupo de estudio era bastante heterogéneo, y por consiguiente no faltó el artista que me contestara con las palabras que  Diego Rivera le dijo a Frida Kahlo: yo soy leal, pero no fiel, por desgracia estoy fisiológicamente  incapacitado para la fidelidad.  Así que si su pareja, querida amiga, es pintor, escritor, músico o realiza algún tipo de arte, prepárese porque antes de lo que se imagina le saldrá con la apología de Rivera.  La RAE no hace distinción entre lealtad y fidelidad. Lealtad: Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien. Pero no creo que eso le sirva de mucho si encuentra en la cama a su marido con su hermana (la suya, no la de él), como le sucedió a Frida. En estos casos,  no hay nada que hacer.

Otra variedad es la infidelidad psíquicamente insuperable. Hombres incapaces de guardar lealtad o compromiso alguno, infieles patológicos. Dudan de su virilidad, para probar su hombría y aumentar su autoestima, o su ego de hombre, recurren a la infidelidad una tras otra. El deseo sexual les resulta incontrolable. Si este es el caso de su pareja, le sugiero que lo interne en el manicomio de Charenton, y lo deje al cuidado del Marqués de Sade.

A mi manera de ver y entender la infidelidad masculina, este es el pretexto que tal vez tenga más validez. Palabras textuales de uno de los machos del estudio “El ansía de aventura, de libertad, de autonomía… la infidelidad tiene que ver con la parte lúdica del hombre, su deseo de juego, de esconderse, de apostar por una partida y tratar de ganar en el desarrollo de la clandestinidad y el no descubrimiento. En este punto, al hombre lo desborda ese juego que en ocasiones ya no depende de él y lo rebasa”.


Mi teoría, después de oír, leer y analizar lo que los hombres entrevistados expresaron, es que la infidelidad masculina radica en sus orígenes de cazador. Como sabemos eran los hombres los que salían a conseguir el alimento (fieras hermosas y salvajes, ningún pollo flaco y amarillento). Aún hoy en día después de miles de millones de años tienen en su mapa  genético el cromosoma de la masculinidad entendida como a mayor número de fieras cazadas, mayor autoestima y hombría. Por qué creen que de cariño nos dicen la fiera, o patico (pantera, tigre y cocodrilo), no es por pura coincidencia. En su inconsciente, los hombres creen que las mujeres somos fieras a las que hay que cazar, domesticar y amansar. Sin embargo, después de un tiempo de haber conseguido cazar una fiera y traerla a casa, necesitan volver a salir. Su ADN los impulsa a buscar en el inhóspito e incierto mundo inundado de fieras peligrosas  y divinas una nueva presa a quien cazar, para demostrar de esta manera su virilidad, su masculinidad y su poder dentro del clan.

Si mi teoría, que de científica tiene lo que los hombres de fieles, es verdadera, no tenemos las batalla perdida mis queridas amigas. La tarea es muy fácil, lo que debemos hacer es tener a nuestro cazador al acecho, expectante, que no se fie que la fiera está cazada. La fiera puede ser cazada por otro cazador. Jugar, como a ellos les gusta, que no pierdan el suspenso de la aventura, la emoción de la incertidumbre, el encanto de la vigilancia, el placer de lo oculto. Mantener encendido el fuego de la pasión y el deseo.  Estar siempre guapas (Fieras hermosas y salvajes, nadie caza pollos flacos y amarillentos).

Tigresas para que nos cacen, panteras para que nos teman y leonas para que nos coman.


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domingo, 22 de julio de 2012

La monogamia dura cuatro años


     Recientes estudios acerca de la química del amor, investigaciones realizadas a partir de escanografías cerebrales, han determinado que el impulso sexual, ese que produce adicción, euforia, ansia, obsesión, compulsión y distorsión de la realidad. Ese que crea dependencia física y cambio de personalidad, y del que cada vez necesitamos un poquito más para poder vivir, se debe a un coctel hormonal cuyos ingredientes son: la dopamina, la norepinefrina y la serotonina. Cuando estas tres hormonas entran en acción los humanos perdemos la razón. Y al igual que los adictos a las drogas decimos: “no puedo vivir sin ti”. Yo sin embargo, seguiré tomando margaritas, porque a mí los cocteles me gustan con licor no con hormonas.
    Vivir en ese estado de euforia sería como estar, permanentemente, bajo el  efecto de la cocaína o los opiáceos, ya que estas drogas activan en el cerebro las mismas zonas que se estimulan en un cerebro enamorado. A falta de un loco amor, bien está una adicción. Pero como en toda fiesta no falta el amargado; el cerebro tiene su propio Olafo, el hipotálamo, que  al cabo de un tiempo entra a estabilizar las emociones segregando vasopresina y oxitocina, las encargadas de transformar el impulso sexual en amor romántico, en  lazos de afecto y generosidad. Y se acabó la juerga, porque a partir de ese momento empezamos a sentir cariño por nuestra pareja. La locura del impulso sexual se transforma en un sentimiento de calma, seguridad y unión con una pareja de larga duración. Bueno, si es que a cuatro años, que según los científicos es el tiempo que dura el amor romántico, se le puede decir larga duración. Y hasta ahí nos llegó la monogamia.
         No es que yo creyera en el amor eterno, porque como dicen por ahí; no estamos en época de soñadores. Pero tampoco sabía que le habían dado a la monogamia fecha de caducidad como a los yogures. Hay marcas de vehículos que dan hasta cinco años de garantía, más de la que da el matrimonio, o al menos la monogamia.  Por eso es  mejor comprar carro que casarse. Dos años de garantía me dieron por un ventilador que compré ayer, la mitad de la que da el amor eterno. ¡Qué horror! La garantía de un electrodoméstico sabe uno donde reclamarla, pero quién responde por la de la pareja que cumplió su ciclo monógamo y decidió abandonarnos. Sólo queda ir a llorar al consultorio del psiquiatra.
         Con esta información dándome vueltas en la cabeza, busqué en Google más datos al respecto. Lo que me encontré, no  fue para nada alentador. Por ejemplo, dicen los que saben, que los seres humanos no estamos biológicamente diseñados para ser monógamos permanentes, somos monógamos seriados.  O sea que mantenemos relaciones monógamas mientras aparece una nueva, lo cual algunas veces nos convierte en polígamos o al menos en bígamos, ya que mantenemos relaciones simultáneas mientras terminamos la anterior. En otras palabras, mientras nos decidimos si es mejor malo conocido que bueno por conocer.
         Entre más investigaba más me sorprendía. Las estadísticas muestran que la duración promedio de un matrimonio hoy en día es de diez años. ¡Nada! dije estupefacta. Sin embargo, me puse a hacer cuentas, y saqué por conclusión que si la monogamia dura cuatro años y el matrimonio diez,  a mí me favorece. Ninguna de mis relaciones ha resistido más de seis meses, con lo cual si alguna llegase a subsistir (o a aguantarme) cuatro años, estaría incrementando  mis utilidades en un 700%. Ningún negocio por ilícito que sea produce tantos beneficios.
         Un concepto que me sorprendió bastante fue el del amor confluente.  En el amor confluente las personas se sienten íntegras y completas por sí solas y las relaciones de pareja  sólo vienen a aportarles satisfacción sexual y afectiva. En el amor romántico, en cambio, los individuos sienten que no están completos sin su “media naranja”. En el amor confluente no existe un termino de duración, la relación permanece durante el tiempo que se mantiene el interés de los involucrados. Da igual importancia a la satisfacción sexual como a la afectiva. A mí, personalmente, este concepto de amor me convenció. De ahora en adelante me bautizaré en la practica del amor confluente, se acabaron las naranjas, los melones, las almas gemelas y cualquier otra cosa que necesariamente vaya de a dos hasta que la muerte los separe.
         Si la ciencia y los hechos nos muestran que no estamos diseñados para mantener relaciones monógamas durante toda la vida con la misma pareja,  por qué nos empeñamos en conservar la idea del amor eterno. Este arquetipo del amor genera en los  individuos sentimientos de culpa y responsabilidad cuando una relación, que supuestamente era para toda la vida, se termina. Condiciona, especialmente a la mujer, a tener una pareja como su única estructura de  valoración, lo cual la hace dependiente del hombre, hasta el punto de aguantar todo tipo de maltrato físico y emocional con tal de no ser abandonada. Obliga muchas veces a un miembro de la pareja a estar atado a una relación que no lo hace feliz sólo porque así lo establece la sociedad y la moral. El divorcio, muchas veces produce en el individuo sentimientos de frustración e incapacidad por no haber cumplido con el mandato divino.
         Mis más sinceras felicitaciones y mis mejores deseos para quienes logran mantener una pareja durante toda la vida. Pero que no sea un estigma o una condena para quienes no. Cuando una relación se termina el mundo no se acaba, se inicia un nuevo ciclo químico. Y siempre llegará otra mejor.


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